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Monica Castro
Hace poco mas de un año que nacio mi hija y, desde ese dia, ha habido mas de un "agente externo" que ha intentado ponerme difícil la decisión de darle a mi hija lactancia natural. Pero cuando todo el mundo se convencio de que mi decisión era firme, nadie mas ha vuelto a molestarnos.
Para mi darle el pecho a mi hija es una experiencia maravillosa. ¡Me encanta verla tan contentita cuando esta con "su teta"!
Monica Castro.
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Rosa María Figueroa Martínez. Mamá de Paula y Elsa
Paula era un bebé que lloraba muchísimo sólo se calmaba cuando la ponía al pecho. Las horas se pasaban y ella...enganchada al pecho...Pensé que jamás tendría tiempo para hacer algo que no fuera estar sentada horas y horas con ella mamando, dormitando, soltando el pezón porque la vencía el sueño y volviendolo a coger inmediatamente. Todo pasa, os lo aseguro. Aprovechad esos momentos, son irrepetibles..., un privilegio.
Rosa María Figueroa Martínez. Mamá de Paula y Elsa.
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Vicky, mamá de Carmen, Curro y José.
La experiencia de dar el pecho a mis tres hijos ha sido para mi de lo más intenso vivido, de lo que más he aprendido, de lo que más me ha liberado como persona. Nunca podré agradecer del todo a mis hijos lo que me han dado con la lactancia, todo los regalos día a día.
Vicky, mamá de Carmen, Curro y José.
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Ana Muñoz
Cuando llegó el día fui ilusionada al hospital, por fin podría ver a Martín. Después de 24 horas inmovilizada en la cama de un hospital, goteros con oxitocina, tactos, y anestesia epidural, como si fuese un milagro salio de dentro de mi un pequeño ser indefenso al que trataron de la misma forma que a su madre. Como un protocolo mas de hospital fue sometido a lavados internos y externos, pruebas, biberones de suero……y lo peor………. separado de su madre durante mas de 30 horas. Alimentado entre tanto, y sin nuestro consentimiento con leche de otra especie modificada por sofisticados métodos físicos y químicos para parecerse a lo que Martín necesitaba y quería: LA LECHE DE SU MADRE
Cuando conseguimos llevarnos a nuestro niño a casa pensé que no podría alimentarle con mi pecho: tantos biberones de hospital, mi madre y mi suegra diciéndome que no tenia leche como les pasó a ellas, me apretaban el pecho y no salía, miedo a que pasara hambre, el mensaje era que lo que necesitaba nuestro niño era un biberón tras otro. Mi instinto y sobre todo el de mi pareja nos decia que eso no podía ser, que no era posible que una madre no pudiera alimentar a su hijo. Tras llamar al teléfono de la asociación y hablar con Vicky nos pusimos manos a la obra, todos los biberones desaparecieron, Martín y yo debíamos pasar juntos todo el tiempo que pudiéramos (pese a las visitas) piel con piel, como debe estar una cría recién nacida, calentándose con el calor de su madre.
Tres días de biberones habían sido suficientes para que Martín no pudiera agarrarse al pecho y que yo me desanimara. Lo tenia todo el día en el pecho intentando agarrarse, cuando ya estaba muy desesperado le dábamos un poco de leche de bote con una jeringuilla, lo imprescindible para que se calmara y otra vez al pecho. Dos días y dos noches muy duras, pero han merecido la pena, tras ese tiempo tire la leche del bote y lo alimenté exclusivamente con mi leche, abrazándolo y dándole mi calor y mi amor. Así llevamos 17 felices meses de lactancia, y los que quedan…
P.D. Debo ser una de esas tantas madres que no tienen leche, de hecho todavía no he notado la subida de leche, je, je
Ana Muñoz
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Franny
Mi experiencia
Me llamo Franny y soy madre de tres niñas, 6, 4 y 15 meses. Los tres partos fueron distintos pero tienen algo en común y es que ha sido la mejor experiencia de mi vida. En mi primer parto fui muy tranquila porque me preparó una fisioterapeuta con ejercicios de yoga especiales para mujeres embarazadas. El hecho de tener la confianza que yo iba a ser capaz de controlar el dolor era algo que hizo que yo estuviera tranquila. No fue una época fácil porque estando ya de 7 meses nos enteramos que mi madre está mala y que le quedan solo unos meses de vida. Pues va llegando la fecha y no me pongo de parto, y pensé que hago pido que me inicien el parto para que mi madre pueda ver a su dieta, era una lucha entra la vida y la muerte. Pues elegí esperar pero aun así me indujeron el parto tras pasarme 15 días de la fecha prevista. Yo tenía clarísimo que no quería ponerme la epidural porque oye si han parido toda la vida sin anestesia pues yo también, quería vivir la experiencia de forma natural, dentro de las posibilidades. Las compañeras de la clase de preparación al parto me tomaron por una loca holandesa porque yo no quería la epidural pero yo seguí adelante. Me rompieron la bolsa sobre las diez de la mañana y mi niña nació a las 14.30h., el ginecólogo alucinado porque según él siendo primeriza y que no me había puesto de parto por mi cuenta pensó que hasta la noche no iba a dar a luz. Tuvieron que utilizar la ventosa pero creo que fue poco porque no se le notó nada en la cabecita. Pues mientras el ginecólogo me estaba cosiendo, puesto que me habían practicado la epistiotomía, cosa que hacían a todas de forma habitual en ese hospital, se pusieron a hablar éste y mi marido de los partos de las vacas. Pues yo allí con las piernas abiertas y ellos tan tranquilamente comparando una cosa con la otra, creo que nunca se me olvidará. Lo bueno fue que me dieron enseguida a mi niña y estuvo conmigo hasta que salí del hospital. Me enseñaron como ponerla al pecho y se cogió fenomenal desde el primer momento. Lo primero que hice al salir del hospital fue ir a ver a mi madre y ella sujetó a su nieta a quien espero con tanto dolor. Murió a los quince días. Pero creo que mi niña hizo que superase ese vacío que yo tenía y le dí el pecho durante nueve meses. Si hubiera tenido a mi alcance una asociación de apoyo estoy segura que le hubiera dado más tiempo.
Mi segundo embarazo y parto muy bien. Me puse de parto de forma espontánea en mi casa a la 1.30 de la madrugada rompiendo la bolsa de agua. Pues yo tranquila porque el agua estaba clara, no olía. Yo me duché y llevamos a Alba la mayor a casa de mi padre. Llegué al hospital sobre las 3.00h. y me echaron una bronca que para que. Que por qué había tardado tanto porque ya estaba de 5 cm de dilatación. A las 5.00 había nacido Jessica con 3 empujones y para variar con una epistiotomía hecha. Se agarró bien al pecho desde el primer momento y disfruté mucho de esos momentos de intimidad, aunque algo menos que con Alba porque había que dedicarle tiempo a las dos. Menos mal que mi marido es un sol y ha bañado a las niñas, les ha cambiado, lo que ha hecho falta.
Pasan unos años y tengo unas ganas tremendas de estar embarazada. No sé si alguna ha tenido esa sensación alguna vez pero es fortísimo. Y decidimos tener otro más. Pero esta vez ya vivíamos en Granada y di a luz en el Clínico. Cuando me fui al hospital con contracciones ya muy regulares cada 3 minutos durante un par de horas me dijeron que no estaba de parto pero que como me había pasado ya un día de la fecha prevista y siendo el tercer parto que me ingresaban. Pues me dio tiempo justo ponerme el camisón y colocar mis cosas porque empezaron ya las contracciones cada minuto y sabía que el momento estaba cerca. Me examinó una enfermera que pasaba por allí y me dijo que al paritorio que ya tenía 6 cm. Menos mal que no estaba de parto como me había dicho. Tuve un matrón, muy majo por cierto, que me dejó dar a luz a la carta, la posición de la cama, todo. Cuando la cabecita asomó me dejó que sacara yo a Saskia, fue muy emocionante. Me la puse al pecho pero enseguida se la llevaron al nido. Como no había habitaciones en la planta estuvimos separadas y la verdad es que muy mal. Pusimos una queja abajo en recepción y al día siguiente nos cambiaron de habitación. En esta vida si no te quejas no te hacen caso, que pena. Dejamos instrucciones muy claras en el nido que nada de chupetes ni biberones que yo le daba el pecho que me llamaran a la habitación las veces que hiciera falta, y así hicieron. Pero en el cambio de turno mi niña con un chupete puesto. Les eché un broncazo de miedo. Yo creo que cada una es libre de elegir el método que más le plazca. A través de mi matrona Inma empezé a asistir a las reuniones de Mamilactancia y aquí seguimos tras 15 meses dando el pecho y muy orgullosa de ello a pesar de los comentarios típicos de la gente. Mi niña que tome el tiempo que quiera que el lo mejor que yo le puedo ofrecer.
Creo que es muy importante que durante el embarazo las mamás asistan a clases de preparación al parto porque te quitan un montón de dudas y hace que vayas muy tranquila. Yo asistí a las clases de mi matrona las tres veces y mira que yo ya tenía experiencia pero siempre es positivo.
¡Gracias Mamilactancia! por el apoyo e información porque gracias a vosotras he superado todas las barreras que hay en este sistema para seguir dando el pecho a mi hija.
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El parto de Linda (Cora Abigail, 8 de marzo de 2006)
El martes día 7 de marzo por la tarde ya noté "algo" y por la noche las contracciones empezaron a ser dolorosas y más regulares. Pude dormir hasta las 3 de la madrugada y entonces me levanté e iba apuntando la frecuencia con la que me venían las contracciones.
Por la mañana nos fuimos al hospital y nada más pisar Urgencias, se me quitaron las contracciones. Después de esperar más de una hora, por fin me llamaron, me examinaron, me pusieron las "correas" y ya querían mandarme a casa. Pero menos mal que esa misma mañana tuve una cita de control prenatal en el mismo hospital. Para entonces volvieron mis contracciones y el cuello uterino se dilató otros 2 cm más y me ingresaron.
Por la tarde, los dolores se intensificaron cada vez más y me resultaron insoportables (debo admitir que no soy muy buena en aguantarlos). El parto finalmente se había iniciado y me trasladaron a la sala de dilatación. Se trata de una habitación junto al paritorio donde estás hasta que hayas dilatado completamente. Allí pronto me pusieron la epidural y me rompieron la bolsa de las aguas.
Unos 20 minutos más tarde debería notar ya el efecto de la anestesia, pero seguía teniendo unos dolores muy molestos. Se lo dije a mi comadrón y resulta que ya estaba en el expulsivo.
En las clases premamá había aprendido las técnicas de respiración y relajación, pero luego a la hora de la verdad no pude (ni quise) acordarme de nada y me salió fatal. Creo que me había confiado un poco, pensé que como me iba a poner la epidural no hacía falta que me familiarizase demasiado con las técnicas de respiración. Pero, sinceramente, aunque luego te pongas la epidural: antes hay que pasar muchas contracciones y mucho dolor y más vale que te prepares para ello.
Todo pasó muy rápido y al ratito me llevaron al paritorio. Allí faltaban dos pujos y ya salió mi hija. Era un momento maravilloso, lleno de miles de sensaciones y emociones el cual mi marido pudo compartir conmigo.
Me quedé una hora en observación y durante ese rato Cora estaba conmigo en mi cama y ya chupó las primeras gotitas de calostro. Después nos fuimos a nuestra habitación donde esperaba Manuel....
Como veis, tuve un parto hospitalario normal, con todos los elementos que componen su protocolo. Tuve mi enema y mi gota a gota, en tan sólo unas pocas horas me exploraron no sé cuántas personas, en dilatación me tuvieron tumbada en la cama y monitorizada continuamente, me rompieron la bolsa artificialmente y nada más salir la niña se la llevaron para pesarla y lavarla. Pero también tuve mucha suerte porque el parto avanzaba tan de prisa y sin ningún problema que no llegué a sentirme mal o a desear cosas distintas de las que me estaban haciendo. En el paritorio, el comadrón se abstuvo de hacerme la episiotomía y cuando yo se lo pedí, enseguida me acercaron a la niña y me la tumbaron en la barriga.
Lo que pasa es que antes de dar a luz apenas me había informado acerca de los partos hospitalarios. Sabía más o menos qué se solía hacer pero no conocía el valor y la eficacia (a veces dudosa) de esas prácticas y, de todas formas, pensaba que nada se podía hacer, que si una quiere parir en un hospital, tiene que aceptar y aguantar todo lo que se le haga. Si algún día tengo otro hijo, que Dios quiera que sí, me informaré más concienzudamente acerca de los protocolos hospitalarios y tal vez presente un plan de parto, así que os recomiendo pensar en ello.
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Linda acerca de su experiencia con la lactancia materna
Con respecto a la lactancia materna sigo una "filosofía" algo particular que me resulta muy útil. Si nos fijamos en las expresiones que hay en castellano para designar este hecho, se centran en el tema de la leche (lactar), del pecho (dar el pecho, amamantar), del modo de tomar la leche (dar de mamar) o de la nutrición (alimentar, criar, nutrir). Yo soy alemana y en mi idioma "amamantar" se dice "stillen" que no significa otra cosa que "calmar". Pues un niño que está tomando el pecho está tranquilo o se va tranquilizando. Así que hay que darle el pecho cada vez que pensemos que el niño quiere estar tranquilo. No importa si ese deseo surge por hambre, sueño, ganas de estar con mamá, un golpe, agobio, un susto, o lo que sea. No hace falta que te preguntes por qué quiere el pecho, cuándo se lo diste la última vez o cuánto le vas a dar. El niño, aunque nos parezca tan pequeño, frágil e indefenso, sabe perfectamente lo que le hace falta para crecer sano y feliz.
Sinceramente, una acaba dando el pecho muy a menudo y puede que alguien- incluida tú misma- se asombre ante tal frecuencia. Pero no pasa nada, es así. Y debemos aprender a responder a las necesidades de nuestro bebé en cualquier momento y en cualquier lugar.
La lactancia materna también es un sacrificio, las cosas como son, pero es posible, es más fácil de lo que pensamos y, sobre todo, tiene una recompensa muy grande: Los beneficios son múltiples y para todos. Es lo mejor para ti y para tu bebé, es gratuita, práctica, respetuosa con el medio ambiente, etc. Así que, por favor, dale el pecho a tu hijo, no hagas caso a quienes traten de convencerte de no amamantar o de destetar demasiado pronto y no sientas vergüenza ni dudes en buscar ayuda cuando tengas algún problema.
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Experiencia Aran
Me llamo Arantxa y, de momento, soy mamá de un niño de 3 años y medio, Álex, y en breve nacerá mi segundo hijo, Daniel. Cuando mi matrona del curso de preparación al parto me preguntó si tenía miedo al parto, le dije que no (ingenua de mí), que sólo tenía miedo a "no poder" dar el pecho a mi hijo. Imaginaros cuántas ganas tenía de hacerlo, que ése era mi único miedo (si llego a saber cómo iba a ser el parto, se me habría quitado de golpe, jaja...). Ella me tranquilizó y me dijo que si quería darle el pecho, se lo daría, que de eso podía estar segura. Efectivamente, no sólo se lo dí, sino que se lo estuve dando hasta que Álex se destetó de forma totalmente voluntaria y espontánea durante el embarazo de Daniel. Las primeras semanas todo eran dudas, sobre todo porque Alex no dormía "como todos los bebés", y yo, cómo no, lo achacaba a que se quedaba con hambre. Muchas lágrimas vertí, muchos nervios, muchas dudas... hasta que llamé a un grupo de apoyo a la lactancia materna. Me atendió Jesús, un matrón que me hizo uno de los regalos más grandes de mi vida: recomendarme el libro Bésame Mucho, de Carlos González, que cambió totalmente la relación con mi hijo y me hizo ver que era normal que sólo quisiera dormir en mis brazos o en la teta... Entonces, interiormente, me prometí que sí salía de aquélla, ayudaría a otras madres a dar el pecho a sus hijos. Y aquí estoy, haciendo lo que puedo, o más bien lo que mi pequeño koala (a sus tres años y medio, aún me pide brazos todo el tiempo) me deja...
Dar el pecho a mi hijo ha sido una de las cosas más hermosas que me ha pasado en la vida. Ver cómo le alimentaba, cómo le tranquilizaba, cómo le daba seguridad y amor, es algo que no tiene precio, y que echo mucho de menos. Menos mal que en un apenas un mes le llega el relevo…
Para terminar, una anécdota: una noche, a las cinco de la mañana, Álex se despertó y me dijo "mamá, quiero teta porque es lo más sano del mundo"... tremendo argumento, ¿a quién se lo habrá oído?
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